RECURSOS NATURALES

ENERGIAS RENOVABLES

El entorno árido y el clima ventoso del Sáhara Occidental han facilitado la proliferación de parques fotovoltaicos y eólicos en el territorio ocupado, sobre todo cercanos a las poblaciones de Tarfaya, El Aaiún, Bojador y Dajla. 

La explotación de las energéticas y sus suministradoras se produce a costa de vulneraciones de los derechos del pueblo saharaui, como el derecho a la autodeterminación, a la propiedad de su tierra y a la gestión de sus recursos o el derecho al agua.

En el Sáhara Occidental las energías limpias o renovables se han convertido en una mercancía en manos de oligopolios y grandes transnacionales, que contribuyen al mantenimiento de relaciones de desigualdad e injusticia y al dominio ilegal sobre el pueblo saharaui y sus recursos por parte de Marruecos.

ARENA Y ÁRIDOS

La arena es un recurso abundante en el Sáhara Occidental, pero es finito y necesario para la supervivencia de sus ecosistemas. La extracción masiva de este material durante décadas tiene impactos medioambientales en sus ecosistemas marinos y costeros, generando erosión y pérdida de tierras, afectando a la disponibilidad de agua y disminuyendo la cantidad de suministro de sedimentos. Esto incrementa la vulnerabilidad de las infraestructuras y de las personas saharauis que viven en la costa del Sahara Occidental, ante tormentas y subidas del nivel del mar.

La primera exportación de arena del Sáhara Occidental conocida data de 1955, durante la colonización española. Pero cada año unas 500.000 toneladas de arena saharaui siguen saliendo de los puertos del Sáhara Occidental rumbo a Canarias o Cabo Verde.

El pueblo saharaui no ha dado el consentimiento explícito para que se puedan realizar estos proyectos extractivistas, en contra de lo que dictan las resoluciones de la ONU sobre la gestión de los recursos naturales de los territorios ocupados del Sáhara Occidental.

AGRICULTURA

Cuatro grupos exportadores concentran la gestión de la agroindústria en los territorios ocupados del Sáhara Occidental. El principal cultivo son los tomates cherry, de los que se exportan anualmente unas 65.000 toneladas.

En los próximos años, Marruecos tiene previsto ampliar en 5.000 hectáreas los terrenos de plantación en los Territorios Ocupados e introducir el cultivo de otro tipo de frutas, como los arándanos. Esta ampliación tiene un impacto medioambiental negativo sobre el territorio y sobre los derechos de las saharaui.

Los grandes invernaderos de los territorios ocupados producen frutas, verduras y hortalizas destinadas a la población Marroquí y a la exportación internacional, sobretodo a Europa, mientras el pueblo saharaui tiene limitado el acceso a este tipo de productos.

El desarrollo de más hectáreas de terreno de cultivo en la zona de Dajla, en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, se puede llevar a cabo a costa de la desalinización de gran parte de estas hectáreas, y a la instauración de un riego intensivo, que contribuye al agotamiento de las reservas de agua subterránea de la zona. A esto, se suma también la futura construcción de una planta desalinizadora y de una central eólica, gestionadas por empresas marroquíes y francesas.

SEGURIDAD, CERTIFICACIÓN Y ENERGÍA

En los últimos años, la presencia de empresas de tecnologías de vigilancia y seguridad privada han aumentado su presencia en el Sáhara Occidental. Su actividad principal está ligada a la protección de las grandes infraestructuras y al expolio de recursos naturales que empresas transnacionales y Marruecos desarrollan en los territorios ocupados, especialmente en El Aaiún y Dajla.

La industria del armamento es otro sector muy presente, y tiene un impacto directo sobre el mantenimiento de la ocupación y el estancamiento del conflicto, ya que contribuye a la represión y a la persecución de la población saharaui de los territorios ocupados.

Además, existe específicamente el servicio de empresas que se encargan de certificar la sostenibilidad de los proyectos que se desarrollan a partir del expolio ilegal de los recursos del Sáhara Occidental. Específicamente, varias empresas de certificación están implicadas en el sector pesquero.

EXTRACTIVISMO Y MINERIA: FOSFATO

El expolio del fosfato es uno de los símbolos más visibles de la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos, así como un símbolo histórico de la desposesión del pueblo saharaui del derecho a gestionar sus recursos y al consentimiento informado.

La explotación de este mineral de la mina de BouCraa, cerca de El Aaiún, comenzó en 1972, durante la colonización española. España se benefició durante 10 años de más del 35% de las minas de fosfato.

A partir de los años ‘70 el fosfato se convirtió en un componente de primera necesidad para la agricultura, imprescindible para la producción de fertilizantes. Desde entonces, diversas empresas que se dedican a la agricultura continúan explotando este recurso de en territorio saharaui.

La extracción de fosfato se realiza sin el consentimiento del pueblo saharaui, contradiciendo el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas y la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE de diciembre del 2016. Según activistas saharauis, menos de un 30% de los empleados en minas de fosfato son saharauis, y estos tienen trabajos manuales y mal remunerados.

PESca

Los grandes bancos de peces en el mar saharauí se están empezando a agotar. La actividad pesquera ha aumentado cada vez más en los últimos años de forma descontrolada. Las principales capturas son de sardina, de la que se pescan unas 700.000 toneladas al año, y el pulpo, que es exportado por varias empresas españolas como producto marroquí.

Los beneficiarios de la explotación de los recursos pesqueros saharauis son, principalmente, militares de alto rango, una parte de la élite marroquí y algunas familias saharauis allegadas al Estado marroquí, que tienen permisos y licencias de pesca de gran altura. Muchos de estos pescadores utilizan viejos pesqueros europeos, que han sido retirados de uso en Europa, para faenar las aguas del Sáhara Occidental.

Mientras, las saharauis en los campos de refugiadas experimentan problemas de anemia y falta de vitaminas y minerales causada por una falta de alimentación equilibrada. Entre los alimentos que no llegan a los campos de Tinduf se encuentra el pescado, que apenas se distribuye.

TURISMO

La región sur del Sáhara Occidental, en la que se encuentra la ciudad de Dajla, es una zona costera, con temperaturas cálidas y frecuente oleaje, rodeada por un paisaje virgen y salvaje. Sus características la han convertido en los últimos años en un destino popular para extranjeros que quieren practicar kitesurf o surf.

La actividad hotelera no ha dejado de crecer desde 2013, acompañada de nuevas rutas aéreas y marítimas de llegada y la incrusión de empresas digitales de promoción de apartamentos turísticos. Las operadoras turísticas venden este destino como parte de Marruecos, sesgando la información a sus clientes y ocultando la realidad sobre la situación de los territorios ocupados del Sahara Occidental y la represión y desigualdad a la que están sometidas las saharauis.

Algunos de los alojamientos turísticos que se anuncian en plataformas digitales, pueden ser viviendas en las tierras de la población saharaui que vive, desde hace años, en condición de refugiada en los campamentos de Tinduf, en Argelia.

La falta de información sobre la situación política y de seguridad de la zona, la afluencia de turistas de todo el mundo y la apertura a la gestión turística por parte de empresas internacionales, contribuye a la normalización de la ocupación ilegal de este territorio a través del sector turístico. Definir el sector turístico de Dajla como “eco-friendly” y “sostenible”, es un caso claro de “greenwashing” que oculta la situación de ocupación ilegal y vulneración de derechos que sufre el Sahara Occidental.